Venezuela

Kerekupai-merú

Salto del lugar más profundo, en lengua pemón.


A la tribu de El Carmelo,
en donde se encuentre; protagonista de la magia.

 

Dándome una vuelta por El Inframundo, librería de viejo en el centro de la ciudad, me encontré con Los pasos perdidos de Alejo Carpentier, novela con raíz en la crónica de viaje; libro que yo había navegado con dificultad pero que me había hipnotizado en la adolescencia. Este gastado ejemplar de edición cubana, ahora amarillento, está dedicado con amor de Tuyo para Roci, testimoniando, como dirían los clásicos, los entrañables lazos entre Cuba y México. Los pasos…me trasladó de un mundo de sobrepoblados estantes y harto polvo hasta mi adolescencia en Venezuela. Hojeando ese libro impreso en revolución, leyendo párrafos al azar, recuperé imágenes profundas que me han acompañado toda la vida, como aquel diciembre en que nuestra tribu emprendió la expedición hacia la Gran Sabana, en el Estado Bolívar. Cruzamos el país con el objetivo de alcanzar a mi hermana y compartir su mundo de tepuyes -montañas, en lengua pemón-, agua y horizontes mágicos a escasos kilómetros de Brasil. Siempre me quedé con la idea de que lo visto era lo más cercano al paraíso terrenal. Infinitos horizontes, derroche de fuerza y antiguedad; abismos verdes y tímidos esbozos de humo y sabiduría ancestral.

El año pasado se hizo realidad volver a aquellas tierras.  A pesar de la vida recorrida, me reencontré con mis propios ojos; gocé del privilegio de la mirada compartida con una nueva generación, abrazados por toda mi tribu.

Alcanzar al Kerekupai-merú o Salto Ángel, río arriba, en época de lluvia, en medio de colosales piedras y tepuyes vigilantes, fue una vivencia de la que únicamente conservo imágenes interiores que atesoro y que por falta de experiencia no pudieron traspasar las fronteras de los filtros mecánicos ni digitales. Lo que hoy puedo compartir a través de la cámara son únicamente instantes de calma en medio de un viaje a contra reloj.

Ricardo Ramírez Arriola

Ciudad de México, octubre de 2010.

 

Celebro el reencuentro con Carpentier en sus pasos perdidos:

“Hace dos días que andamos sobre la armazón del planeta, olvidados de la Historia y hasta de las oscuras migraciones de las eras sin crónicas.”

“…Hemos alcanzado el suelo en que se alzan las Grandes Mesetas. Lavadas en su vestidura –cuando la tuvieron- por millones de lluvias, son Formas de roca desnuda, reducidas a la grandiosa elementalidad de una geometría telúrica. Son los monumentos primeros que se alzaron sobre la corteza terrestre, cuando aún no hubiera ojos que pudieran contemplarlos, y su misma vejez, su abolengo impar, les confiere una aplastante majestad.”

“No hablamos. Nos sentimos sobrecogidos ante el fausto de las magnas obras, ante la pluralidad de perfiles, el alcance de las sombras, la inmensidad de las explanadas. Nos vemos como intrusos, prestos a ser arrojados de un dominio vedado.”

“Estamos en el mundo del Génesis, al fin del Cuarto Día de la Creación. Si retrocediéramos un poco más, llegaríamos adonde comienza la terrible soledad del Creador –la tristeza sideral de los tiempos sin incienso y sin alabanzas, cuando la tierra era desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo.”

Alejo Carpentier
Los Pasos Perdidos

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“El Parque Nacional de Canaima, Estado Bolívar, Venezuela, corresponde a un basamento precámbrico con rocas de entre 900 y 3 500 millones de años, sobre las cuales se encuentran las cuarcitas y los conglomerados silíceos de Roraima.

Las formas predominantes corresponden a una combinación de tepuyes, planicies y valles. Entre los tepuyes se encuentran el Auyan Tepuy (2 400 m), desde donde surge el Kerekupai-merú o Salto Ángel que con su caída de 979 metros es el más alto del mundo. El Auyan Tepuy es considerado el Olimpo de los dioses arekunas. Su nombre correcto es Aiyantepuy que significa montaña del infierno, aunque se define a menudo como montaña del diablo.
La tradición indígena pemón expresa que en su cumbre se encuentra la casa de los mawariton, espíritus malignos y de Tramán-Chitá el ser supremo del mal.”

www.lagransabana.com

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