El Salvador


Elecciones 2014


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Veintidós años después: pulso cardíaco. Las pruebas de la historia
Algunas impresiones detrás de la cámara

El el jueves 16 de enero de 1992, en la Ciudad de México se firmaron los Acuerdos de Paz que pusieron fin a doce años de guerra en El Salvador, uno de los conflictos armados más cruentos en el continente durante el siglo pasado, en el que perdieron la vida más de 75 mil personas.

Veintidós años después, los protagonistas y símbolos de la guerra se enfrentaron en una segunda vuelta electoral, cara a cara, sin candidatos externos, en un complejo y sorpresivo proceso. Más allá de las componendas, los movimientos y las maniobras realizadas desde variados y diversos emblemas partidistas, ante la fuerza de los símbolos y de la historia, la sociedad salvadoreña se aglutinó y reacomodó alrededor de la izquierda, con el partido de la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) o de la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido fundado por el tristemente célebre mayor Roberto d’ Aubuisson, autor intelectual del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero y de la organización de los escuadrones de la muerte durante la guerra.

Es una realidad que después de estos veintidós años de construcción de la paz en El Salvador, se evidencia el avance en el ejercicio de la coexistencia pacífica, la construcción de una nueva cultura política que se refleja en los cotidianos esbozos de consensos, acuerdos y alianzas, coyunturales o no; en la construcción de los pilares de la institucionalidad democrática, y en la aceptación de la viabilidad de la alternancia en un país marcado por una alta politización de la sociedad.

Veintidós años después nos encontramos en un cruce generacional, no necesariamente sujeto a edades cronológicas, en el que se vive y se percibe la herencia histórica desde matices diferentes: los salvadoreños profundamente convencidos, nacidos o formados bajo la sombra del diálogo, los acuerdos y la paz, que se esfuerzan por reinterpretar la historia, aceptando, respetando y defendiendo las diferencias en el quehacer cotidiano. Otros, en cambio, se saben protagonistas de un proceso aún en albores e incierto, sujeto a un pasado que aún no termina de escribirse a cabalidad, que está latente en la epidermis, en la memoria corporal y en las pasiones, más allá del pragmatismo político, para algunos todavía coyuntural, que ha significado el modelo de construcción de la paz en El Salvador.

Estas contradicciones de los tiempos históricos subjetivos que vive cada ciudadano, comunidad e instituciones políticas, ha marcado los dieciséis meses de campaña electoral previos a la Primera Vuelta del 2 de febrero de 2014, y en las cinco semanas de campaña previas a la Segunda Vuelta electoral del pasado 9 de marzo.

 

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Algunas percepciones en la observación de este proceso electoral nos aportaron algunos indicadores de esos tiempos históricos subjetivos, que no necesariamente caracterizan de manera monolítica y global a cada una de las dirigencias y militancias partidistas:

La inmediata aceptación por parte del FMLN de no haber alcanzado la mayoría necesaria para ganar la Primera Vuelta el 2 de febrero, se ha destacado como una señal de respeto y apego a la institucionalidad y al diálogo, muy lejana al discurso propagandístico de la oposición. En otros lares, para un partido gobernante, un faltante de 29 580 votos para ganar la presidencia del país no hubiera sido necesariamente un problema irresoluble, evitando así exponerse a una segunda vuelta, al reacomodo político y al riesgo que esta conlleva.

Por parte de la derecha, hoy coyunturalmente reagrupada alrededor de ARENA, la constante del discurso pareciera aprendido de los viejos manuales de guerra psicológica editados y puestos en práctica durante la Guerra Fría en todos lados: Guatemala, República Dominicana, Chile, Nicaragua… Más allá de las propuestas, la campaña hacia los sectores indecisos ha estado marcada por una apuesta al miedo y al terror, que va desde reseñas de Nuestra Señora de Fátima y plegarias a Dios y a la Virgen María contra Cuba, Venezuela y el Socialismo del Siglo XXI; a la impregnación hasta el cansancio del acontecer venezolano televisado desde Estados Unidos, que convierte a “Venezuela” en nombre, sinónimo y adjetivo reiterado en toda discusión política salvadoreña; hasta el retumbar de la “Marcha de ARENA” en todos los Puestos de Orientación instalados a las afueras de los centros de votación el pasado 9 de marzo que dice: “Cuando en la amada patria / extrañas voces se oyeron, / los nacionalistas surgieron diciendo así: / Patria SI / Comunismo NO / Patria SI / Comunismo NO / Libertad se escribe con sangre, trabajo, con sudor. / Unamos sudor y sangre, pero primero El Salvador. / Unamos sudor y sangre, pero primero El Salvador. / El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán, / salvándose aquí América / Nuestra América inmortal…”

Veintidós años es mucho tiempo en las cortas vidas humanas, aunque a veces no tanto en los procesos requeridos para modificar y transformar las ópticas, los sentires, las pulsiones y nuestro transpirar, más allá de lo políticamente correcto en el momento.

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Independientemente del decreto que dio término a la Guerra Fría, que a veces se cuartea dejando escapar fantasmas sirios, ucranianos, venezolanos… la reaparición en El Salvador de los símbolos de una historia aún no reescrita y cicatrizada del todo, orillan las pequeñas diferencias corporativas –ya sea cartas de cambio o genuinos matices- que han germinado entre los innegables algodones del proceso de paz y en la construcción del sistema electoral democrático, para permitir como en los viejos tiempos, cerrar filas ante el enemigo común. Resurgen los fantasmas y las presencias: las amenazas de la invasión comunista, bárbara, atea, roja, la expansión del eje del mal y el terrorismo, pero también los miles de asesinados en manos del ejército salvadoreño durante la guerra: las monjas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel, la misionera laica Jean Donovan, los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Armando López, Joaquín López y López y sus colaboradoras Elba y Celina Ramos;  monseñor Óscar Arnulfo Romero, las víctimas de las masacres de El Mozote, Tenango y Guadalupe, por citar algunas… de allí que no son ni casuales, ni cándidas, ni inocentes, declaraciones como: “No nos van a robar esta victoria. Vamos a luchar, si es preciso, con nuestras vidas […] nuestra Fuerza Armada está pendiente de este fraude” expresada por el candidato presidencial de ARENA, Norman Quijano cuando el Tribunal Supremo Electoral (TSE) aún estaba escrutando las actas de la Segunda Vuelta, o “Agradecemos a nuestra gloriosa Fuerza Armada que está pendiente del conteo en el TSE. Aquí no es Venezuela, no nos van a robar la voluntad popular”, vertida por René Portillo Cuadra, candidato a vicepresidente por ARENA, ese mismo día. 

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En medio de la polarización, el pueblo salvadoreño sin duda nos brindó un ejemplo de civilidad política, que en algunos lugares se convirtió literalmente en una fiesta cívica, y a veces incluso en feria; con su nutrida votación convirtió a las elecciones del 9 de marzo, en el evento electoral más concurrido en la historia de El Salvador.

Ese día se rompió la constante histórica que aseguraba que una segunda vuelta electoral siempre iba a convocar a menos electores que la primera. De un padrón electoral de 4 955 107 salvadoreños en posibilidad de emitir su sufragio, en la Primera Vuelta acudió el 54.26% del electorado, y en la Segunda Vuelta el 60.38%, o sea 615 269 electores más.

Los votos impugnados fueron: 3198, las abstenciones: 8195 y los votos nulos: 19 579.

Los votos para ARENA fueron: 1 489 451 (49.89%)
y los votos para FMLN fueron:  1 495 815 (50.11%)

La diferencia entre las dos fórmulas electorales, confirmada con el escrutinio de todas las actas y la revisión de las 21 en las que se habían detectado inconsistencias, fue de 6364 votos, equivalente a únicamente 0.22%.

El la Segunda Vuelta ARENA obtuvo 438 694 votos más que en la Primera Vuelta, (un incremento equivalente a 71.3%), mientras que el FMLN obtuvo 176 736 votos más, (un aumento de 28.7%). 

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Desde los mismos instantes en que aún se estaba efectuando el escrutinio de las actas el 9 de marzo, la derecha salvadoreña denunció un supuesto fraude, exigió el reconteo de los votos, la intervención de los observadores internacionales -que han estado presentes en todo momento; ha generado rumores que van desde manifestaciones violentas hasta intentonas de golpe de Estado; y ha implementado interrupciones de tránsito y manifestaciones, así como buscó interrumpir el escrutinio de las actas exigido por ellos mismos, retirando temporalmente a sus observadores.

En contraparte, el proceso electoral, así como el desempeño y el profesionalismo del Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha sido reconocido y respaldado por instituciones y organizaciones tan diversas como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Departamento de Estado de los Estados Unidos, los observadores del Concejo Electoral Latinoamericano (CELA), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE), y la Red Latinoamericana del Caribe para la Democracia (REDLAD), entre otras. Entre los aspectos más destacados de la labor del TSE se encuentran: la rapidez del escrutinio de las 10 445 actas, realizado el 9 de marzo en poco más de cinco horas; la implementación del modelo de Voto Residencial multiplicando los centros de votación en todo el país para facilitar el acceso de la población al sufragio y el cumplimiento de la ley electoral que establece la presencia de representantes de cada partido en todas las etapas del proceso electoral: planificación, instalación, votación, conteo, transmisión y escrutinio, garantizando así la transparencia del proceso.

 

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Hoy, 13 de marzo de 2014, con la presencia de simpatizantes del FMLN que coreaban ¡Pueblo que lucha, pueblo que triunfa! El TSE confirmó a Salvador Sánchez Cerén y Óscar Ortiz del FMLN, como presidente y vicepresidente electos de El Salvador.

Las paradojas de la historia reciente pero no de la democracia de inmediato saltaron a la vista: el próximo Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de El Salvador será un profesor, ex comandante guerrillero.

Salvador Sánchez Cerén, expresó en estos días: “ Los resultados de la elección nos envían un gran mensaje, que debemos buscar acuerdos con todos los sectores del pueblo salvadoreño. Queremos ser respetuosos de la voluntad del pueblo. […] Vamos a buscar entendimiento con los trabajadores, los empresarios porque juntos vamos a hacer los grandes cambios, grandes transformaciones.”

 

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Hay voces en El Salvador, que celebran el cerrado triunfo argumentando que el poder presidencial no contará con un cheque en blanco que permita excesos; hay otros en cambio que lo perciben como una atadura de manos que impedirá la implementación y profundización de las transformaciones ofrecidas y requeridas por la sociedad salvadoreña. La moneda está en el aire.

Veintidós años después de la Firma de la Paz, no es difícil imaginarse que los próximos cinco años significarán la prueba más compleja en lo que va de la construcción del país después de la guerra; se pondrán a prueba las voluntades, la esencia y el calado de los Acuerdos de Paz y el proceso iniciado en 1992; se abre para la izquierda salvadoreña la compleja oportunidad y el gran desafío para construir un gobierno de unidad nacional, de principios y consensos, prudencia y firmeza, apegados a la historia y abiertos al futuro.  Se gesta un laboratorio, imperfecto pero real, de sueños, utopías, pero sobre todo certezas.

El gran navío salvadoreño, hoy navega en la intersección de corrientes de igual fuerza, inversas y contrarias, algunas exactamente antagónicas, que prometen gestar remolinos. Hoy más que nunca la sabiduría debe guiar los alcances de mira para su conducción a buen puerto.

 

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De regreso a casa, después de la jornada electoral, los jóvenes conductores de un programa de la radio salvadoreña, programando una y otra vez a Gondwana, insistían con su mensaje poco subliminal:

“Yo no quiero ir a la guerra.
Oh no, no, no, no, no, no, no
Porque la guerra nos da pena.
Yo sé que esto va a cambiar,
yo sé que se iluminará,
yo sé que lo comprenderás
cuando abras tu mente y dejes
entrar la verdad.
Oh no, no, no, no, no, no, no
Yo no quiero ir a la guerra…”

Texto y fotos: Ricardo Ramírez Arriola
http://www.360gradosfoto.com


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